Éxodo 20: 17, Deuteronomio 5: 21 “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”
Romanos 13: 9-10 El décimo
mandamiento está en la ley del amor.
Este es uno de los pecados más engañosos, pues mora en el corazón y a veces ni nos percatamos de sus manifestaciones.Las siguientes preguntas nos ayudarán a reconocer si estamos atrapados en los deseos de un corazón que no permanece en sujeción a la voluntad de Dios:
Preguntas introductorias de autoexamen

¿Qué es lo que más deseas en esta vida, a Dios y las cosas eternas, o el disfrutar los placeres del mundo?
¿Vives descontento con lo que tienes actualmente, aunque es más que el pan diario que necesitas para vivir?
¿Dónde están tus pensamientos continuamente en las cosas de este mundo o en el mundo venidero?
¿Cuáles conversaciones disfrutas más: las que son acerca de Dios y Su reino, o cuando hablas de negocios, de los bienes materiales que tienes, de tus proyectos futuros en este mundo? Cuál de esos temas domina más tus conversaciones.
¿Qué te ocasiona más dolor o tristeza, la pérdida de bienes materiales o dinero, o que el nombre de Dios sea deshonrado?
¿Qué agradeces más, las provisiones materiales o la salvación que Dios te ha dado en Cristo?
¿Te vistes acorde el medio en el que estás, con decoro y respeto, o lo haces para llamar la atención de otros sobre ti? ¿Encuentras tu valor en el tipo de ropa que llevas puesto, en ser imagen y semejanza de Dios?
¿Cuándo estás más tranquilo, cuando estás prosperando materialmente aunque tu alma se encuentre en una condición miserable, o cuando avanzas espiritualmente?
¿Eres más cuidadoso para proveer materialmente que espiritualmente para quienes te rodean?
¿Eres capaz de hacer lo que sea para obtener un negocio, realizar un trabajo terrenal que para crecer en el conocimiento de Dios?
¿Deseas para ti algo que otra persona posee?
Tomas Watson dijo: “Se puede decir que un ser humano está entregado a la codicia, cuando está más dispuesto a sufrir dolores por obtener las cosas materiales que este mundo le ofrece que por obtener el cielo”. Hay personas que hacen lo que sea por obtener un negocio, un título, una casa, una meta; trabajan 24 horas diarias si es necesario hacerlo, pero no lo hacen para buscar a Dios. Removerá cada piedra, interrumpirá su sueño, dará muchos pasos por el mundo, pero no sufrirá dolores por Cristo o por Su Reino. Hablan con gran pasión de sus trabajos, de sus sueños, pero no así del Señor y de Su gloria.