Un capítulo.
Un momento de luz.
Biblia Reina-Valera 1909 · 66 libros · Lectura gratuita
Salmos 32
1Salmo de David: Masquil. BIENAVENTURADO aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados.
2Bienaventurado el hombre á quien no imputa Jehová la iniquidad, y en cuyo espíritu no hay superchería.
3Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día.
4Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.)
5Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)
6Por esto orará á ti todo santo en el tiempo de poder hallarte: ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas á él.
7Tú eres mi refugio; me guardarás de angustia; con cánticos de liberación me rodearás. (Selah.)
8Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: sobre ti fijaré mis ojos.
9No seáis como el caballo, ó como el mulo, sin entendimiento: con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida, para que no lleguen á ti.
10Muchos dolores para el impío; mas el que espera en Jehová, lo cercará misericordia.
11Alegraos en Jehová, y gozaos, justos: y cantad todos vosotros los rectos de corazón.
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Reflexionar sobre este capítuloTexto de dominio público, con la ortografía de la edición de 1909. Fuente de la edición digital.